A partir de «Lo que no está en tu prueba», una charla dada cuatro veces en liceos públicos de La Granja, Macul y San Joaquín, entre agosto y septiembre de 2026.
I
Hay un anime japonés cuyo protagonista es un príncipe que nació sordo, que no puede hablar y que no tiene fuerza. Se llama Bojji. El reino donde vive evalúa a todo el mundo, y lo evalúa bien: los instructores de esgrima miden con precisión que no puede sostener una espada de verdad; los ministros miden con precisión que no puede dar una orden; el ranking del reino lo pone donde corresponde. Nadie se equivoca. Los sistemas ven exactamente lo que miden.
Lo que no ven es lo que Bojji está construyendo con lo que le falta. Una manera de esquivar que solo existe porque no puede bloquear. Una espada diminuta que solo sirve si uno es preciso. Una forma de ganarse a la gente que no cabe en ningún torneo.
No es una historia sobre jueces injustos. Es una historia sobre jueces parciales, que es distinta y más difícil. Durante un mes fui a contársela a estudiantes de cuarto medio, y este texto es lo que me quedó después de contarla.
II
Estudié Derecho durante varios años y no me titulé. En la charla digo que fracasé. La dejo escrita así porque es la palabra que usé conmigo mismo durante mucho tiempo, y porque es la palabra que el sistema tiene para lo que me pasó: uno fracasa una prueba, uno reprueba un ramo. Hoy no la usaría. No fracasé; no terminé. Pero que la palabra de la nota se me haya metido hasta en la manera de contar mi propia vida es parte de lo que quiero decir, así que la conservo.
En esos años mi papá se quitó la vida. No sé cuánto de no haber terminado fue por eso. No quiero saberlo con exactitud, y desconfío de cualquiera que sepa con exactitud eso de su propia vida.
Hay algo más que hay que decir de esos años, y es menos dramático: fueron un lujo. Estudiar varios años sin terminar es gastar un recurso que muchos de los estudiantes a los que fui a hablar no pueden gastar sin resultado. Mi «fracaso» costó algo que otros no tienen para perder. Dicho así no es una épica; es contabilidad.
III
Mientras tanto, en otra parte, estaba aprendiendo otra cosa.
Fui dirigente scout. Me tocó planificar campamentos para cien personas. Y planificar un campamento para cien personas significa, concretamente, tener arroz para cien personas; saber qué hacer con la pena de un niño de siete años; sostener la conversación difícil con un papá; tener un plan para cuando el plan se cae; y seguir cuando el que se enfermó eres tú.
Nada de eso tenía créditos. Todo eso es lo que uso hoy, todos los días, en una empresa donde trabajan ochenta y cinco personas.
Antes de seguir tengo que decir una cosa sobre esa lista, porque si no la digo yo la va a pensar otro. Los scouts son una institución de clase media. Hablar en público, organizar gente, persuadir, improvisar: son destrezas que se reconocen como valiosas en parte porque quienes las reconocen ya las tienen. Yo aprendí en un lugar que estaba disponible para mí. Y hay aprendizajes del mismo tipo —cuidar hermanos, traducir para la familia, resolver una burocracia a los doce años— que ocurren en casas donde nadie los llama formación, que se pagan caro, y que ningún currículum ha registrado nunca.
No todo lo que aprendí fue enseñado. No todo lo que sé puede certificarse. Esa frase la dije en cuatro liceos. Lo que sigue es el intento de entender por qué es verdad, y por qué no es una buena noticia para todos por igual.
IV
Le pedimos a la nota que haga siete trabajos. Que certifique aprendizaje. Que ordene a los estudiantes. Que asigne cupos universitarios. Que prediga rendimiento futuro. Que motive. Que informe a las familias. Que señale esfuerzo. Ningún número puede hacer siete trabajos sin que cada uno corrompa a los otros, y lo que ha pasado en Chile no es un misterio ni una falla moral de los colegios: es lo que ocurre cuando una medida se convierte en objetivo.
Entre 2013 y 2025, el porcentaje de egresados de enseñanza media con promedio igual o superior a 6,0 pasó de 25 % a 49,6 %. El promedio nacional subió de 5,6 a 5,9. Un estudio del Centro de Estudios Públicos mostró que entre 2012 y 2017 el 77 % de los colegios municipales, el 74 % de los subvencionados y el 84 % de los particulares pagados subieron las notas de estudiantes con resultados SIMCE equivalentes. En los particulares pagados, más del 60 % egresa hoy sobre 6,0. Y el fenómeno es regresivo: infla más donde ya había ventaja.
Pero hay un dato que me importa más que la inflación, porque habla de los liceos donde estuve. La correlación entre las notas de enseñanza media y la prueba de selección universitaria es de 0,78 a 0,83 en colegios particulares. En colegios municipales es de 0,18 a 0,29. Léanlo despacio: en un liceo municipal, los dos números con que se juzga a un estudiante casi no se ponen de acuerdo entre sí. No sé cuál de los dos tiene razón, y no creo que los datos permitan saberlo. Sé que un estudiante de La Granja es evaluado por dos instrumentos que se contradicen más que en cualquier otro colegio del país.
La nota nunca fue el saber. Fue una representación parcial del desempeño bajo las reglas de un colegio, y era razonable mientras le pedíamos poco. El problema empezó cuando le pedimos que fuera también la persona.
El sistema, por cierto, ya lo admitió. Desde la Admisión 2028, el puntaje ranking dejará de mirar la nota y mirará solo la posición del estudiante dentro de su propio colegio. Es una decisión unánime del comité de acceso, tomada por la inflación, y dice algo que este texto quiere decir: que dentro de cada contexto hay una variación que depende del estudiante, y que vale la pena mirarla.
V
Sería injusto con la escuela decir que solo enseña lo que puede medir. La escuela produce muchísimo aprendizaje que sus instrumentos no registran: en las amistades, en los conflictos, en el profesor que devuelve un borrador tres veces, en el centro de estudiantes, en la cancha. Y en Chile, incluso, se mide: junto al SIMCE se levantan desde hace una década indicadores de autoestima académica, clima de convivencia, participación ciudadana y hábitos de vida. Existen. Se reportan.
Lo que no tienen es consecuencias. No pesan en la admisión, no aparecen en un currículum, no abren una puerta. Y un estudiante racional invierte donde hay retorno; el sistema le dice cada día dónde está el retorno, y el retorno está en la nota.
La frase precisa, entonces, no es que reconocemos lo que sabemos medir. Es que reconocemos lo que tiene consecuencias. Chile tiene un ejemplo de lo otro: ChileValora certifica desde 2008 competencias laborales «independientemente de la forma en que hayan sido adquiridas». Es reconocimiento con consecuencias. Es para adultos con experiencia de trabajo, no para alguien de dieciséis años — pero prueba que se puede.
VI
Ahora sí, la inteligencia artificial. Y quiero ponerla en su lugar, que no es el centro.
Todo lo anterior ya era verdad antes de que existiera. La inflación de notas, la reforma del ranking, la distancia entre lo que se mide y lo que se aprende: nada de eso necesitó una máquina. Lo que la inteligencia artificial hace es abaratar una de las cosas que esos instrumentos median — la respuesta — y con eso vuelve más visible lo que nunca midieron.
Una respuesta no es conocimiento, y el conocimiento no es juicio. La evidencia sobre esto es reciente y más interesante que las frases que circulan. En un estudio con más de cinco mil agentes de soporte, la inteligencia artificial subió la productividad 14 % en promedio y 34 % en los novatos; en los expertos, casi nada. En ese trabajo no aumentó el valor del juicio acumulado: lo sustituyó. En otro, con 758 consultores, quienes usaron la herramienta dentro de lo que sabe hacer produjeron un 40 % mejor; quienes la usaron en una tarea diseñada para quedar fuera de su alcance acertaron 19 puntos menos que quienes no la usaron. No les faltó conocimiento: les faltó saber dónde terminaba la frontera. Y en un experimento con casi mil estudiantes de matemáticas, el acceso a un chatbot sin restricciones mejoró la práctica un 48 % y empeoró un 17 % el examen sin chatbot; el mismo modelo, configurado para dar pistas en vez de respuestas, no dañó nada.
Lo que sube de valor no es «el juicio» en abstracto. Es algo más chico y más defendible: saber cuándo hay pauta y cuándo no, y saber cuándo no confiar en la respuesta. Y las dos cosas exigen saber. Cuando obtener respuestas se vuelve barato, sube el valor de saber qué preguntar, qué importa, qué falta, qué decidir y con quién.
VII
Hay un lugar, sin embargo, donde la inteligencia artificial sí agrega algo que no estaba, y es más oscuro que «volver visible».
El juicio no se enseña: se forma. Se forma donde hay práctica con consecuencias acotadas y alguien al lado que corrige. El trabajo de entrada era uno de esos lugares — el junior que revisaba minutas, el analista que sacaba el primer reporte, el redactor del primer borrador — y ahí se aprendía, haciendo mal, lo que después se sabía hacer bien. Los datos más recientes de Stanford muestran que el empleo de personas de 22 a 25 años en las ocupaciones más expuestas a la inteligencia artificial cayó cerca de 11 % entre fines de 2022 y mediados de 2026, mientras el del mismo grupo en las menos expuestas creció 10 %. Los trabajadores con experiencia no se movieron. Es un patrón descriptivo, de un solo país, con una ventana corta; puede revertirse. Pero apunta a algo que conviene mirar de frente: los primeros peldaños pagados de la escalera donde se formaba el juicio se están angostando, justo cuando la nota que daba acceso a ellos se volvió ruidosa.
Si eso es así, la formación que ocurre fuera del currículum importa más precisamente ahora. Y es la formación cuyo acceso está peor distribuido. Dónde más existía esa práctica con consecuencias y alguien que corrige: en una sala de clases, cuando la sala lo permite; en un campamento; en una casa. En unos lugares se llama formación y en otros se llama obligación. Es la misma escalera y no la vemos igual.
VIII
Todo lo anterior deja una pregunta que no puedo esquivar, porque fui a hablarles de esto a adolescentes: ¿qué se le dice a alguien de dieciséis años sobre lo que depende de él?
Hay cuatro palabras que conviene no confundir. La oportunidad es lo externo: el colegio, la casa, la comuna, el dinero, el tiempo, la seguridad — y cuánto de eso una persona puede efectivamente convertir en algo, que no es lo mismo para todos. La capacidad es lo que una persona podría llegar a ser y hacer dadas sus opciones reales. La elección es lo que hace con eso. El logro es lo realizado. La nota mide el logro, en un dominio. El error del sistema es tomar el logro por la capacidad. El error de la frase «si quieres, puedes» es hablar de la elección como si la oportunidad fuera la misma para todos. El error de la frase contraria — «no depende de ti» — es negar que exista elección.
Prefiero una palabra menos técnica: margen. Nadie elige el tamaño de su margen. Dentro del margen hay algo que es de cada uno. Las dos frases son verdad al mismo tiempo, y ninguna charla puede agrandar un margen; solo puede describirlo con honestidad. Y hay una tercera cosa que la evidencia obliga a decir: la percepción del margen también está mal distribuida. Un adolescente de liceo municipal tiende a creer que su margen es más chico de lo que es. El mensaje honesto tiene entonces dos mitades incómodas: tu margen es probablemente más grande de lo que te han hecho creer, y más chico de lo que yo, desde acá, te voy a hacer creer.
IX
Desde dónde hablo, entonces.
Hablo desde el final de mi propia historia, y eso es tres cosas a la vez. Conozco cómo terminó: sé que no titularme no me destruyó, y el estudiante que me escucha no sabe eso de la suya. Soy fundador de una empresa, y los fundadores somos la población perfecta del sesgo del sobreviviente: se oye a los que llegaron, y los que hicieron exactamente lo mismo y no llegaron no dan charlas. Y me invitaron porque me fue bien. Para ir a decirles a adolescentes que un título no contiene a una persona, la institución me pidió, razonablemente, un currículum. La puerta por la que entré a decir esto se abrió con el instrumento que fui a relativizar.
Después de las charlas, un director le contó a quien me invitó que había quedado contento porque me quedé un rato en el colegio. Una directora dijo que yo era un gran hombre, muy humanitario, capaz de llegar a los estudiantes. Y yo, veintisiete segundos después de salir de uno de los liceos, manejando, le mandé un audio que decía: me fue bien, el colegio muy bonito, muy buena vibra, creo que a los cabros les interesó. Ninguna de las tres voces dijo una palabra sobre el argumento. Lo único en que coinciden es un hecho sin contenido: me quedé conversando.
No lo cuento como queja. Lo cuento porque es este texto aplicado a mí. Los instrumentos que evaluaron esa charla vieron a una persona y no vieron su tesis, y yo, en caliente, tampoco supe qué había pasado. Todo lo que diga que esas salas me enseñaron es reconstrucción. Y la reconstrucción de un fracaso que terminó bien es la fuente menos confiable que existe: por cada uno que abandona una carrera, aprende otras cosas y después puede contarlo, hay muchos que tomaron decisiones idénticas y tuvieron resultados distintos. Mi historia permite decir que dejar Derecho no agotó mi formación. No permite decir que a alguien más le vaya a pasar lo mismo.
X
Al final de la charla vuelvo a Bojji, y lo que digo es esto: los jueces tenían razón. Vieron con precisión lo que midieron. Lo que no vieron no fue un error de ellos; fue el límite de lo que un instrumento puede ver de una persona — y un título, un promedio, un currículum son instrumentos.
Bojji tenía un reino que heredar. Los estudiantes a los que les hablé van a tener que construir el suyo, y eso es más difícil, y no es culpa de ellos.
Lo que puedo decirles sin prometer nada es una sola cosa. Que sigan construyendo también donde nadie pone nota. Que eso no garantiza nada. Y que es injusto que no lo garantice.
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca: Salud Responde, 600 360 7777, y la línea *4141, atienden las veinticuatro horas.
Fuentes
- Inflación de notas: Horizontal sobre datos abiertos del DEMRE (mayo 2026); Eyzaguirre, Gazmuri y San Martín, Sesgo socioeconómico en las Notas de Enseñanza Media, CEP (2022).
- Correlación notas–prueba por dependencia: Capacidad predictiva de las notas en enseñanza media sobre el rendimiento en pruebas de selección universitaria: el caso chileno, Aula Abierta (2015).
- Nuevo Ranking: DEMRE, Comité Técnico de Acceso al Sistema de Educación Superior (2025).
- Indicadores de Desarrollo Personal y Social: Agencia de Calidad de la Educación.
- ChileValora: Ley 20.267 (2008).
- Brynjolfsson, Li y Raymond, Generative AI at Work, Quarterly Journal of Economics (2025).
- Dell'Acqua et al., Navigating the Jagged Technological Frontier, Organization Science (2025).
- Bastani et al., Generative AI Without Guardrails Can Harm Learning, PNAS (2025).
- Brynjolfsson, Chandar y Chen, Canaries in the Coal Mine?, Stanford Digital Economy Lab (actualización de agosto de 2026).
- Heckman, Humphries y Kautz, The Myth of Achievement Tests (2014), sobre lo que un certificado captura y lo que no.